Hammet
Yoshio
Como todas las mañanas, Yoshio tenía que bajar al río a por agua. No le importaba en absoluto, porque así podía ayudar a su abuela, que ya estaba muy mayor para andar por los senderos del bosque. A Yoshio le encantaba danzar por el camino mientras canturreaba cualquier canción que le venía a la cabeza y también le gustaba pararse de vez en cuando y acariciar las hojas de algún árbol, mirar una mariposa o saborear algún fruto silvestre. Yoshio se sabía muchas canciones, ya que su abuela le cantaba todas las noches para que las pesadillas no la acecharan. Canciones antiguas de leyendas y seres olvidados, de historias que a Yoshio le parecían mágicas; y es que para Yoshio casi todo era mágico. Tenía tan solo once cosechas, pero para su corta edad, era una niña muy madura y a todos en el pueblo les gustaba compartir un rato de charla con ella ya que Yoshio tenía la maravillosa capacidad de saltar de un tema a otro, de dispersarse y de encontrar una aventura en cualquier lugar. Siempre se enfrentaba a cada día como si fuera especial y bajando al río esa misma mañana, sentía más que nunca que algo maravilloso iba a pasar. Iba cantando una canción que su abuela le repetía muchas veces, ya que era la favorita de Yoshio. Trataba de una muchacha muy valiente llamada Ailiana que dejó su pueblo natal para luchar junto a su amado vestida como un muchacho. Danzaba y cantaba con voz alegre y sentía que su voz sonaba mejor que nunca, que todo el bosque la escuchaba, incluso le parecía oír una flauta dulce que la acompañaba... si, había sin duda una flauta que seguía a su voz, así que Yoshio siguió el sonido del dulce instrumento hasta que junto al río, vió a un hombre sentado silbando con los ojos cerrados. Al verlo, y sin saber muy bien por qué, Yoshio sintió una punzada de pena que le hizo perder por un momento la voz provocando que el hombre abriera los ojos y la viera. Tenía unos ojos de un color gris azulado y una mirada tierna, algo triste y muy profunda. El hombre sonrió a Yoshio y con una voz profunda le dijo:
- Buenos días niña. Tienes una bonita voz y me has traído grandes recuerdos de otros tiempos, gracias por traer de nuevo a mi cabeza la canción de Ailiana, ya casi no me acordaba de ella. Pero me pregunto cómo una niña tan pequeña puede conocer una canción de otra época.
- Me la ha enseñado mi abuela... y además, no soy tan pequeña, tengo ya once cosechas.- Replicó Yoshio.
- Perdona, no era mi intención ofenderte, ya con once cosechas eres toda una muchacha. Me agrada saber que aún hay buena gente, como tu abuela, que mantienen vivas esas canciones, logrando así que sus protagonistas no caigan en el olvido. Yo conocí a Ailiana y combatí junto a ella y hoy la has traído de nuevo a mi vida y por ello te estaré eternamente agradecido.
- ¿En serio?, ¿y cómo era?, ¿era guapa?, ¿valiente?, ¿luchaba como los hombres? NO!! seguro que luchaba mejor que ellos!!! . - Yoshio casi no podía respirar de tanta excitación y no paraba de hacer preguntas. De pronto se quedó callada y mirando con recelo al hombre, le dijo: - Un momento, me estás engañando!!, mi abuela me dijo que Ailana vivió hace muchas muchas cosechas, mucho antes de que mi abuela fuera una niña, en la época oscura. Tu no pudiste conocerla, no eres tan mayor!! Si no tienes edad ni para ser abuelo. ¿por qué me engañas?, Sigues creyendo que soy tan solo una niña!!!.
- Te pido de nuevo disculpas, quizá tan solo haya sido una confusión, un fallo en mi memoria, quizá conocí a otra Ailiana, quizá en otro tiempo fui otra persona… no era mi intención engañarte, no suelo hablar mucho con la gente y estoy un poco desentrenado, deja que me presente como debería haberlo hecho desde el primer momento y perdona mi torpeza. Me llamo Hammet y soy un mercader ambulante…
Hammet
Mientras miraba a esa niña, Hammet no podía dejar de pensar en otro tiempo. No solo la canción de la niña había rasgado el velo del olvido, si no que la propia niña era la viva imagen de su pequeña Kashia. No se parecía físicamente en nada, pero todo en ella le recordaba a su hija, todo, era una especie de sensación que no podía describir, era como mirar en un espejo turbio y ver una imagen nítida, como si pudiera ver en su interior a su añorada hija. Nada en el exterior explicaba esa sensación, la niña que le miraba desde el otro lado del río era alta para su edad, ágil, despierta y rebosante de vida, tan distinta a Kashia, que nació con una salud tan frágil…. pero ¿por que entonces tenía esa sensación de reconocimiento?, ¿por qué miraba a la niña y sentía como se encogía algo en su interior?. Hacía tanto tiempo de aquello, habían pasado tantos años, y ahora todo llegaba de golpe, como una oleada. Ni siquiera Hammet entendía porque había hablado con la niña, porque había silbado esa canción.. hacía años que no hablaba con nadie, años en los que escudándose en un cartel de su carromato que indicaba que no tenía la capacidad de hablar, Hammet se había ocultado de todos a simple vista, consciente como era, de que cualquier contacto sería peligroso para todos…. y ahora, sin saber cómo ni porqué estaba presentándose a esa niña del rio…
- … y voy por los caminos intercambiando cosas con la gente - . Hammet se levantó y caminando hacia su carromato, ocultó con un trapo el cartel que indicaba su discapacidad para hablar, no quería que la niña le descubriera y le hiciera más preguntas.
- Yo me llamo Yoshio y vivo con mi abuela sendero arriba… ¿y qué cosas traes en tu carro?, ¿puedo acercarme a verlas?, por aquí no pasan muchos mercaderes. A veces acompaño a mi abuela al pueblo y allí me encanta entrar en la tienda y ver todo lo que tienen.. es tan divertido ir a pueblo!!.. -
Hammet se volvió y se sobresaltó al ver que Yoshio no solo ya había cruzado el río si no que estaba a tan solo unos pasos de él. Casi se le escapó una sonrisa y haciéndole un gesto a Yoshio con la mano, le indico que podía acercarse y ver todo lo que quisiera. La mirada de la niña se iluminó y con una sonrisa inmensa se acercó al carro y empezó a tocarlo todo, sartenes, cazos, herramientas, y de entre tanta y tanta mercancia, de repente, la niña se quedo paralizada y con extremada delicadeza cogió un objeto, un objeto que a simple vista era tosco, el pétalo de una flor tallado en madera, sencillo, desgastado por los años… un objeto sin ningún atractivo pero que ella atesoro en sus manos como si de una piedra preciosa se tratara. Hammet sintió que le flaqueaban las fuerzas y se sentó en una piedra junto al carro.
- No tengo nada que ofrecerte a cambio - dijo Yoshio - pero, ¿podría quedarme con este pétalo de flor?, puedo preguntarle a mi abuela si tiene algo que pueda cambiarte, ¿te interesa una cesta con huevos? tenemos gallinas, o podría recoger algunas piedras brillantes del río… o no se podría cantarte algunas canciones de esas que te gustan… - la niña seguía hablando nerviosa, gesticulando, ofreciendole mil y un cambios, pero Hammet apenas la escuchaba, no podía contener aquello que estaba sintiendo y notó como las lágrimas empezaron a brotar sin control por su curtido rostro, sintió como una honda pena se aferraba a su pecho, pero como si a la vez esa pena arrastrara tras de sí, otra mucho más honda, una pena mucho más negra.. Hammet sentía que aquello no podía ser malo, que era más bien como si se estuviera desgarrando un tejido muerto, para que en su lugar renaciera uno nuevo lleno de vida. Yoshio sin saberlo, había elegido el más humilde los objetos del carro, pero a la vez el más importante, el regalo que le hizo su hija Keisha cuando él tuvo que partir, el objeto que lo aferraba aún a ella, después de tantos años… Hammet estaba absorto en sus pensamientos y no notó que Yoshio se había callado, y limpiándose las lágrimas torpemente se giró para verla. Yoshio le miraba, con una mirada tan limpia e inocente que Hammet tuvo que contener el aliento y hacer acopio de todas sus fuerzas para no romperse en ese mismo momento. La niña sin mediar palabra se acercó a él, y lo abrazo.. y Hammet se rompió… comenzó a sollozar, y del sollozo se dejó llevar hasta el llanto, y del llanto y sin saber como, se dejó caer en la risa… y rió y lloró a partes iguales, hasta que su cuerpo encontró el equilibrio y separando suavemente a la niña, que también estaba riendo y llorando le dijo…
- Gracias Yoshio, puedes quedarte ese humilde pétalo de flor tallado en madera y no necesito nada a cambio, sin saberlo ya me has dado todo lo que podría desear. Me has hecho revivir cosas que creía perdidas para siempre y recordaré el día de hoy el resto de mi vida. -
- Pero no me parece justo!! tengo que darte algo a cambio, es lo que debe hacerse. ¿Podrás esperarme aquí? , mañana cuando baje a por agua al río te traeré un regalo y así estaremos en paz. Mi abuela dice que una buena persona siempre tiene que ser justa y yo quiero ser una buena persona.-
- Me consta que tanto tú, como tu abuela sois excelentes personas, pero no puedo quedarme mucho tiempo en un sitio, tengo que seguir mi viaje para poder mercadear y así ganarme la vida.
- Por favor!!! solo será un día… si no, no puedo aceptar quedarme con este pétalo, y es tan bonito… por favor!, por favor!, por favor!- Repetía Yoshio mientras le miraba con esos ojos tan expresivos, y Hammet asombrándose de nuevo, asintió con la cabeza y le prometió que la esperaría pero le hizo prometer algo.
- Prometeme que no le dirás a nadie mi nombre, ni que has hablado conmigo.. ¿me lo prometes? - y Yoshio asintió.
La noche
Yoshio se moría de ganas de contarle a su abuela su encuentro con el hombre del río, y estaba deseando mostrarle el pétalo de flor que había ocultado bajo la almohada. Daba vueltas y vueltas en la cama, pensando que debía hacer, pero le había prometido a Hammet guardar en secreto su encuentro y no quería fallarle. “Las buenas personas deben ser justas y una persona que falta a sus promesas nunca puede ser una persona justa”, le decía a veces su abuela. Yoshio no entendía muy bien ese afán de su abuela por ser o no justo, de hecho ni siquiera comprendía que significaba ser justo, pero si para su abuela era algo tan importante, no cabía duda.. Yoshio quería ser una persona justa. Seguía pensando en el extraordinario día que había tenido, preguntadose que secretos guardaría Hammet y porque era tan importante que ella no se lo dijera a nadie… y sin darse cuenta Yoshio se durmió… se durmió sin esperar que su abuela subiera a cantarle, se durmio sin la protección mágica de las canciones que mantenian alejadas a las pesadillas, se durmió como una niña de once cosechas feliz y confiada, se durmió y las pesadillas…. no aparecieron.
Para Hammet la noche llegó como todas las otras noches, como una de tantas. Miraba el fuego mientras mantenía apretada entre los dientes la pipa que tanto tiempo llevaba con él. Ya ni siquiera fumaba, a Keisha no le gustaba el humo y cuando empeoró su salud y ya casi no podía ni salir de la cama, le pidió que no fumara nunca más, que el humo le hacía toser y no le gustaba, y desde aquel día Hammet nunca volvió a fumar. La noche llegó sin duda como otra noche más, pero no cayó sobre un Hammet igual al de la noche anterior, o al de otras muchas. Ya casi no recordaba cómo era sentirse un hombre, no se reconocía a si mismo, estaba sentado frente al fuego, como todas las noches, mordiendo la pipa, como todas las noches, pero no era el Hammet de todas las noches. Era incapaz de entender como un encuentro casual había borrado decenas de años de mero tránsito de un plumazo, como si hubieran cortado un trozo de la cuerda de su vida y hubieran anudado los extremos. Apenas se reconocía pero sin embargo se sentía en casa, se sentía de nuevo un hombre, ya no era una mera sombra y por primera vez en mucho tiempo se sentía en paz. ¿Que tendría de especial esa niña?. Se recostó de lado, junto al fuego, se tapó la cabeza con la manta y se entregó al sueño…
La mañana
Hammet se desperezó enérgicamente, se levantó y sacudió sus entumecidas piernas, procurando entrar en calor. El sueño había sido reparador y se sentía estupendamente. Se dirigió a una poza en el río para refrescarse y lavarse la cara y al ver su reflejo en el agua, no pudo retener una sonrisa.. ya oía la voz de la niña acercándose por el sendero. Cantaba una canción distinta a la del dia anterior, pero Hammet tambien la conocia, otra leyenda de días pasados, de muchas vidas atrás. Hablaba de como un valiente pueblo había resistido el ataque de los salvajes defendiéndose solo con su coraje y con sus aperos de labranza. Heroes anónimos pero tan valerosos o más que la propia Ailiana, héroes que dejaron en la memoria de Hammet un intenso recuerdo, que como tantas otras cosas, Yoshio estaba haciendo renacer. Mientras se lavaba la cara, un pez paso por delante de él flontado en la corriente, sin vida, y Hammet sintió de repente una punzada de temor… otra vez no, por favor, otra vez no…
Yoshio estaba deseando ver a Hammet y darle lo que le había llevado a cambio del pétalo. Había elegido una pequeña figurita tallada que tenía en su habitación. Le pareció lo más adecuado, una talla por otra. Sabía que su abuela, cuando se diera cuenta se enfadaría, pero de alguna manera ella sentía que esa figura era un justo cambio, esa figura debería irse con Hammet. Cuando estaba llegando al río vió como Hammet estaba recogiendo apresuradamente sus cosas y se sintió extrañada y un poco enfadada…
- Buenos días Hammet, ¿ya te marchas?, habías prometido esperarme, tengo aquí lo que te he traído a cambio del pétalo, es que no quieres verlo?.
- No tengo ahora tiempo Yoshio, debo irme ya!.- contestó airado Hammet - Disculpa pero tengo que marcharme de inmediato.
- ¿Pero?, si he hecho lo que me pediste! no lo he dicho a nadie que había hablado contigo, ni siquiera a mi abuela... ¿por que estas enfadado conmigo?, no es justo!!- Dijo Yoshio entre sollozos llegando junto a Hammet. Este se volvió lentamente y al ver a la niña con los ojos llorosos se agachó para estar a su altura y ya más calmado, le contestó .
- Perdona Yoshio, no estoy enfadado contigo, pero tengo que marcharme rápidamente, enseñame lo que me has traído para que pueda seguir mi camino.- La niña lo miraba con expresión triste mientras depositaba en la mano de Hammet la figurita. Cuando abrió la mano y vio el objeto que le había entregado Yoshio, se sintió de nuevo extrañado. Era otro objeto sencillo pero reconoció en el la importancia de aquello, que aun no siendo ornamental o bello, supera cosecha tras cosecha el tiempo y pasa de generación en generación. - Yoshio, esto es algo muy preciado, es un espíritu protector de tu familia, no deberías entregarlo a un extraño.. ¿Lo saben tus padres?, podrían enfadarse mucho contigo… -
- No se donde están mis padres - Susurró Yoshio - Se marcharon a otra ciudad a trabajar cuando yo era pequeña y nunca volvieron. Ya casi no los recuerdo, Cuando te vi el otro día en el río, me recordaste a mi padre, debe ser mas o menos de tu edad. Esa figura era suya, pero creo que ya no me hace falta. Esta noche el pétalo que me diste me ha protegido de las pesadillas, así que me parece justo que te lleves la figurita del espíritu protector, así el podrá protegerte a ti. -
- Te lo agradezco Yoshio, sin duda lo guardaré con mucho cariño. Será para mi un objeto muy preciado y nunca te olvidaré. Ahora debo seguir mi camino antes de que sea tarde - Hammet se dio la vuelta para guardar la figurita en el carro, y continuó recogiendo las cosas.
- ¿Por qué tienes que marcharte?, podríamos ser amigos, yo podría venir a verte todas las mañanas, y podríamos cantar juntos, y por el día yo seguiría ayudando a mi abuela, y tu podrías comerciar en el pueblo. ¿Es que he hecho algo malo?... - Yoshio casi no podría contener las lágrimas. No quería que Hammet se fuera, se sentía bien a su lado. Es cierto que notaba un poco de tristeza en el corazón, una sensación extraña de desaliento, pero a la vez, se sentía segura. Hammet la trataba con cariño y respeto, como hacía su padre cuando aún estaba. Yoshio se dió cuenta de lo mucho que echaba de menos a su padre y sin poder evitarlo, comenzó a llorar. Noto como Hammet se acercó, y de rodillas se colocó a su altura. Con mucha ternura le seco las lágrimas que caían por su cara…
- Yoshio, no solo no has hecho algo malo, si no todo lo contrario. Has removido en este pobre comerciante sentimientos que hacia años que no experimentaba. Gracias a ti he recuperado las fuerzas para seguir adelante y creo que eres una muchacha increible. Eres valiente, eres inteligente, sabes cantar y sin duda eres la persona mas justa que he conocido. Pero tengo que continuar mi viaje. No puedo darte mis razones, pero créeme que lo hago por el bien de todos, por el tuyo, por el de tu abuela y por el mío propio. Ahora te ruego que me hagas un favor. Prométeme que no le dirás a nadie que me has visto. ¿Me harás ese favor?.... - Yoshio sin poder hablar y aún llorando asintió con la cabeza. Hammet, se colocó en la cadera el arnés de su carromato y comenzó a andar por el camino. No llevaba dados ni cien pasos, cuando comenzó a escuchar la tierna voz entrecortada de Yoshio cantando la leyenda de Ailiana, y sin poder evitarlo, empezó a llorar. Cuanto le habría gustado quedarse y ver crecer a Yoshio, daría todo en la vida por poder hacerlo, pero lo único que podía hacer para reconfortarse a el y a la niña era silbar con ella la canción. Y continuó su camino llorando y silbando.
La abuela
Yoshio se dirigía apesadumbrada hacia la casa de su abuela. Se sentía triste, agotada, y no solo ella. Todo el bosque, su amado bosque, parecía triste. El sendero tan verde y limpio ayer, tenía ahora un manto de hojas secas. No se escuchaba el trino de ningún pájaro y Yoshio se sentía enferma. Cuando llegó a casa, se encontró a su abuela sentada en la cocina. Tenía una expresión cansada y algo triste y delante de ella tenía el pétalo tallado que le había intercambiado a Hammet. La miró con la ternura que siempre le demostraba y le preguntó.
- Jovencita, ¿y este pétalo de dónde ha salido?, no recuerdo que lo tuvieras. Lo que si recuerdo era una figurita que guardabas justo donde estaba este pétalo.. la figurita que te dio tu padre. ¿Podrías explicármelo?. - Yoshio agachó la cabeza y mirando al suelo le contestó.
- Lo siento abuela, pero no puedo. He prometido no contarlo - .
- ¿Desde cuándo tienes secretos con tu abuela?, ya veo que te estás haciendo mayor pero eso no justifica que dejes de confiar en mi. Siempre he sido una persona honesta y justa contigo Yoshio, y me entristece esta falta de confianza. Sabes que no voy a regañarte, si tu has obrado así es porque lo has considerado correcto y no dudo de ti.
- Abuela, de verdad que no puedo, se lo prometí,
- De acuerdo, Yoshio, hoy no me siento con fuerzas para discutir. Creo que estoy enfermando y además no tengo tiempo. Hoy las gallinas no han puesto huevos, y la leche se ha puesto mala, así que no puedo entretenerme con estas cosas… - Dicho esto la abuela comenzó a levantarse con esfuerzo y al pasar junto a Yoshio no le dio la suave caricia en la cabeza que solía darle y eso la entristeció aún más… sin poder controlarse Yoshio dijo en voz baja..
- Intercambié la figura con un comerciante llamado Hammet y el me dio ese pétalo… -
- Yoshio, no tengo tiempo para estos jueguecitos, si no quieres decirme lo que ha pasado está bien, pero no me vengas con cuentos. -
- Pero si es verdad abuela, ayer me lo encontré en el rio. Viaja con un carromato y estuvimos hablando. Me dejo que escogiera lo que quisiera de su mercancía y a cambio yo le he dado esta mañana la figura. Es verdad abuela, te lo prometo.
- Jovencita, sabes que detesto las mentiras. No es tan difícil decir la verdad, si lo intentas ya veras como te sienta bien, pero no me vengas con esas…. Hammet el comerciante, la peste negra que pasa, el viento de la muerte… no se quien te habrá contado esa leyenda, pero a mi no me engañas.- Cuando la abuela se giró y vio a Yoshio , un escalofrío recorrió todo su cuerpo. La niña la miraba con una expresión de total asombro. El color de su cara había desaparecido y parecía a punto de perder el equilibrio. La sujeto antes de que cayera al suelo y la acompañó hasta la cama. Yoshio respiraba agitadamente y la abuela comprendió que no mentía.
La peste que pasa
La abuela acariciaba la cabeza de Yoshio, que estaba apoyada en su regazo y con su voz dulce y serena, comenzó a relatar la leyenda de Hammet el comerciante, la peste negra que pasa, el viento de la muerte…
- Cuentan que hace cientos de cosechas existió un buen hombre llamado Hammet. Era un granjero joven que vivía con su mujer en una pequeña casa, cuidaba de su ganado y de sus tierras como cualquier otro buen hombre. Nació entonces su hija, una pequeña y enfermiza niña que se llamaba Keisha. Nadie apostaba porque Keisha llegará a hacerse una muchacha como tu Yoshio. Siempre estaba enferma y nadie sabia que hacer para curarla. Un invierno, la niña empeoro mucho, tanto que Hammet desesperado la dejo en casa con su mujer y se fue al pueblo, a la taberna para emborracharse. Sabia que Keisha, su amada hija no sobreviviría a aquella noche y no se veía con fuerzas para verla morir. Esa misma noche antes de salir de casa, su hija le regalo un pequeño pétalo de flor tallado en madera, y Hammet en la taberna, mientras bebía, acariciaba el pequeño pétalo. Un desconocido se acerco a Hammet y le pregunto el porque de su desesperanza, y Hammet le dijo que haría lo que fuera por hacer que su hija creciera feliz. La mañana siguiente, Keisha amaneció mucho mejor, y la mujer de Hammet quiso avisarle y pidió que fueran al pueblo a buscarle. Pero nadie pudo encontrar a Hammet. Keisha creció sana, se casó y tuvo hijos, y siempre supo que de alguna manera su padre había conseguido sanarla.
- ¿Pero que paso con Hammet? ¿Quien era el desconocido?...- Yoshio se había recuperado ya totalmente y estaba entusiasmada con la historia - ¿el pétalo que tengo yo ahora es el que le dio Keisha a Hammet?..
- Jovencita, déjame que continúe la historia… a ver por donde iba. Nadie supo nada mas de Hammet ya que el hombre que se le acerco en aquella taberna era un poderoso hechicero que, viendo tan apesadumbrado a Hammet le ofreció su ayuda. Pero la situación de Hammet era muy complicada incluso para un gran hechicero. Hammet tenia que engañar a la muerte para que esta olvidara a Keisha y la dejara vivir, así que el hechicero lanzo una maldición sobre Hammet. La muerte que no había recaído sobre Keisha recaería sobre Hammet, pero no en un único pago, no una vida por otra, si no que Hammet tendría que vagar por el mundo para siempre, sin permanecer mas de un día en el mismo sitio, ya que la muerte acompaña a Hammet como un aurea de desesperanza y corrupción que hace que los animales enfermen, que las cosechas no broten, que los alimentos se contaminen. Se sabe que Hammet busco su muerte incluso en grande batallas. Fue determinante en la victoria de Ailiana, pero ni aún así podía vivir la gloria, ya que no podía compartir con sus compañeros el mismo techo mas de un día. Así que Hammet aparecía el mismo día de la batalla y al terminar debía seguir con su camino. Se sabe, por los bandos que siempre escogía, que Hammet luchó por el bien, ayudando a Ailiana, y a otros como ella, o incluso a pequeños pueblos anónimos que luchaban contra los salvajes. Poco más sabemos de Hammet, cuentan que lo han visto por aquí o por allá, que ya no habla con nadie, unos dicen que parece un anciano, otros que va con una capa negra y se ha vuelto un hechicero, pero por lo que tu me cuentas, parece que Hammet sigue siendo un buen hombre que arrastra su maldición para siempre, por haberle dado una vida plena a su pequeña Keisha.
Yoshio se abrazó a su abuela y sollozo dulcemente, mientras sujetaba el petalo que le dio Hammet contra su pecho.